13. Basterrechea, Cristian

Cristian

Basterrechea

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La Carta a los Hebreos en 2, 17 dice: “Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios”. Este breve pasaje pone en estrecha relación dos elementos que, de acuerdo con el Antiguo Testamento, pareciera no podrían ir juntos: Sumo Sacerdocio y misericordia.
Una de las nociones centrales del sacerdocio es la de ser “pontífice”, puente entre Dios y el hombre. Para poder “llegar” hasta Dios era necesario que se vaya separando de los hombres y en definitiva también de su humanidad. Parte importante de esa separación de los hombres era el rechazo a los pecadores sin importar que ello suponga la muerte del pecador (cf. Ex 32, 25-29; Num 25, 7-9); hasta tal punto llegaba la separación, que incluso tenía prohibido llevar luto por algunos familiares cercanos (cf. Lev 21). Esta total separación era la que permitía mantener la santidad necesaria para la tarea propia. Incluso el ritual de consagración era un irse separando para ejercer el sacerdocio del Señor (cf. Ex 29,1).
Por su lado, la misericordia se muestra a lo largo de todo el Antiguo Testamento como una de las mayores características de Dios. Los términos asociados a la misericordia son continuamente y en distinto lugares aplicados a Dios. En algunos pasajes, como el Salmo 136, se vuelve una letanía. Pero siempre referida a Dios. Solamente en Eclo 28, 4, en la tradición deuterocanónica, aparece una mención de la misericordia referida al hombre. En el Antiguo Testamento, solamente Dios era misericordioso, pero nunca el hombre.

Nacionalidad: Argentina

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